Recomponer lo roto

Y ha sido un año de recomponer todo lo que se rompió y nos dejó vacíos, de aprender a vivir y disfrutar de lo más pequeñito y de lo más insignificante.  De ordenar todo lo que estaba desordenado y, sobre todo, de aprender a vivir con lo que te ha tocado. De recordar tus gestos, tus palabras y tus manías. De empezar a vivir sin ti y de seguir amando sin mirar el qué, el cómo y el porqué.

Todo aquello que se rompió no siempre vuelve a tener la forma de antes, pero no quiere decir sea peor, menos atractivo o menos bello, al revés, depende de nosotros que sea aún más único y mágico. Radica en nuestra forma de experimentarlo.

Gracias por seguir enseñándome a vivir de la forma en la que estoy viviendo y de aprender a reírme de la vida, porque no siempre lo he pensado, pero creo que es lo más serio.

Cuando alguien se recompone, no pregunta. No duda. No daña. No muerde. No abandona. Solo se recompone. Y recomponerse no entiende de palabras, de vocablos, de definiciones o de significados. Recomponerse es abandonarse a los sentimientos, dejar que vuelen las emociones y que los corazones bombeen con fuerza.

Volver a nacer, volver a construir, en definitiva, volver a vivir.

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