MARINERO

Yo a veces me siento como un barquito de papel ante una gigantesca ola.

Imagino que estoy navegando hacia la profundidad del océano con la única arma de mi palabra.

No es algo sencillo crear un cambio en la sociedad, a través de las letras. Porque lo que genera transformaciones en las sociedades son los actos y no los dichos.

Dice la Real Academia de la Lengua Española; “el marinero es aquel que presta servicio en una embarcación” no puedo estar más de acuerdo con esta definición.

Servicio a los demás y no encuentro una mejor descripción del significado de estas palabras, que la que realizó el padre del existencialismo Víctor Frankl en su libro «El hombre en busca del sentido»: “la puerta de la felicidad se abre hacia fuera, cuando más se quiere abrir hacia adentro, más se cierra”.

Y esa extraña sensación de chocar contra el oleaje sin protección alguna, más que el sentimiento que a uno le recorre cuando se entrega a otros, sin esperar nada a cambio.

La rendición no es el rumbo a seguir, entregarse a la mar no entra dentro del viaje y abandonar nunca será el final de la travesía, en cambio, apoyar, ayudar y amar son el rumbo, el destino y el final de la odisea.

Hay que tener un poco de marino  para navegar en un mundo tan convulso como este, no os voy a engañar, el mar está agitado; vientos fuertes, corrientes fuertes, oleaje fuertes. Embravecido.

Ahora es momento de zarpar, navegar, surcar, flotar y timonear ese bote llamado “Libertad”.

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