EL HOYO

Habitamos en la sociedad del yoyo. Yo quiero esto porque me hace feliz, yo necesito lo otro porque sin ello no me siento a gusto, yo te perdono no te preocupes, yo lo he conseguido sin ayuda de nadie, yo soy, yo yo yo yo…

El yo del egoísmo, de la ingratitud, del desagradecimiento, de la deslealtad, del egocentrismo, de la inmundicia, del interesado, de las mandas, del desengaño, de la ruindad, del orgullo, de la comparación, de la ruindad y del analfabeto funcional.

 

Jamás una parte tan pequeña de nuestro cuerpo, como lo es el ombligo ha tenido, tiene y lamentablemente tendrá tanto protagonismo. Os lo prometo existe vida inteligente más allá de él.

Mi querida y admirada Sole decía en una ocasión;

“Yo no nací para juzgar a nadie, no es mi oficio ni mi pensamiento, mi sentir es otro, allá cada cual que se atreven a juzgar , la vida da muchas vueltas es un molino y tú que juzgas hoy y apuntas con él dedo otro día te puede tocar a ti. Hay otro arte más bonito, el arte de ayudar sin juzgar. Lo hacemos y ya veremos”

Esta es la clase de YO que precisamos para crecer y desarrollarnos como seres humanos.

Mientras sigamos recitando la primera persona del pronombre personal, en vez, la segunda persona del plural, vosotros. No existirá futuro en nuestra existencia.

¡YO QUE TÚ PENSARÍA MÁS EN EL OTRO!

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